Uemas, ancestros gigantes de los otomíes

 

En la cultura otomí existen unos seres mitológicos que dejaron grandes enseñanzas a su pueblo y a toda la humanidad.

Fueron los más fuertes y también los más frágiles. Les llamaron los uemas.

Marco Antonio Hernández Hernández CDI México

 

Los uemas fueron los ancestros de los otomíes. Los dioses los crearon gigantescos y fuertes, pero también con gran fragilidad.

Crearon la alfarería y se la enseñaron a los otomíes. Les enseñaron a hacer loza, ollas de barro, y hasta construyeron las antiguas pirámides, pues lograban alzar piedras grandes y pesadas. Construían pirámides enteras en una sola noche.

Marco Antonio Hernández Hernández CDI México

 

Se alimentaban de conejos. Eran nómadas y siempre buscaban el maíz para completar su alimentación.

Su territorio favorito era el Oeste. Les gustaba ver cómo se metía el Sol, creían que desde ahí hacían su viaje al Inframundo.

Pero la carne de los uemas era blanda y con el Sol se endureció y se convirtió en piedra quebradiza. Por eso no se podían caer, y también por eso preferían hacer sus asombrosas construcciones en la noche.

Y justo su constitución tan frágil era su mayor debilidad. Si se caían se rompían en muchos pedazos y sus osamentas quedaban regadas en el campo. Esos huesos podían molerse y mezclarse con agua o alcohol, pues tenían poderes curativos.

Marco Antonio Hernández Hernández CDI México

 

Los uemas se extinguieron cuando el mundo desapareció, o como dicen los otomíes, cuando “se volteó la Tierra”. La leyenda dice que un gran diluvio arrasó con todo. Y los pocos sobrevivientes, cuando visitan la Tierra, le tienen miedo atroz al agua…

No solo hay uemas gigantes, también existen pequeños y se les llama uemalitos. Parecen duendes, se aparecen por los caminos para asustar a la gente. Cuidan las milpas y las ciudades arqueológicas que construyeron los gigantes.

Los uemas son unos seres de la mitología otomí que comprenden una gran paradoja: tan grandes que pueden construir montañas en una sola noche, tan frágiles que si se caen quedan hechos añicos. Quizá sean, en el fondo, la mejor representación de los seres humanos. Algo podemos aprender de su fortaleza y también de su fragilidad.

Marco Antonio Hernández Hernández CDI México

 

Foto en portada de: Shutterstock

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