Cempasúchil, deshojando sus curiosidades

 

De naranja se viste el mes de octubre. La flor de cempasúchil, también conocida como “flor de muerto”, hace gala de su vibrante color  y marca el camino a las ofrendas para los visitantes del “más allá”. No sólo es bella, también tiene unas curiosidades que quizá no sabías.

 

  • Obtiene su nombre del náhuatl cempohualxochitl que significaría “flor de veinte pétalos”.

 

  • Existen 30 diferentes tipos. Las más populares son las de punta amarilla y centro naranja.

 

  • Su cosecha inicia en agosto y termina en noviembre, justo después de la temporada de lluvias.

 

  • Es una flor oriunda de nuestro país y, actualmente, somos el segundo productor con casi 14 mil toneladas al año. Es en Puebla, Estado de México y Michoacán donde más se cosecha.

 

  • No sólo sirve para decorar, además tiene usos industriales y farmacéuticos. Por ejemplo, se usa como remedio para malestares estomacales, como abono orgánico y fungicida, además de ser un tinte natural para textiles.

 

  • El cempasúchil es la flor protagonista del altar de muerto y se acostumbra que en los floreros la acompañen la flor de nube, el terciopelo, los claveles y los crisantemos.

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  • La tradición de adornar los altares de muerto tiene su origen de las costumbres prehispánicas en Malinalco, Estado de México. Ahí las familias solían decorar las tumbas con la flor tonalxóchitl que según ellos, escondía en sus pétalos los rayos solares. Los aztecas, al llegar a esta región, adoptaron esta forma de tributo.

 

  • Según los tlaxcaltecas, la aparición del cempasúchil se la debemos a una historia de amor.

 

Según la leyenda, desde niños, Xóchitl y Huitzilin, pasaban los días juntos y con el paso de los años se enamoraron.  La feliz pareja acostumbraba subir las montañas todos los días poco antes de caer la noche para llevarle flores al dios del Sol, Tonatiuh, para que atestiguara su promesa de amor eterno.

Jamás se habían separado hasta que una batalla hizo que Huitzilin se fuera lejos de su amada. Nunca regresó y Xóchitl, desolada por su perdida, fue a pedirle a Tonatiuh estar junto a su amado. El dios, agradecido por todas las ofrendas que ellos le habían hecho durante años, le concedió su deseo.

Sobre la muchacha cayeron los resplandecientes rayos del Sol y ella se transformó en una hermosa flor de color destellante. Minutos después un colibrí se posó sobre ella, era Huitzilin. Rozó sus pétalos con su pico, se abrieron y liberaron un perfume delicioso.

Esa fue la manera de reencontrarse para continuar con su romance para siempre.

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