La Danza de los Viejitos

Esto se baila en Jarácuaro, Michoacán, aunque ya puede verse en varias poblaciones purépechas. Y aunque tiene mucho de cómica, también tiene resonancias cósmicas y espirituales.

Se hace en honor a Huehuetéotl, el Dios Viejo.

 

Cuatro hombres vestidos de campesinos, con máscaras de sonrientes ancianos, sombreros con largos listones multicolores y un bastón, bailan encorvados y fingen achaques de la vejez como reumas, caídas, y espasmos: apenas pueden con su alma. De pronto les da un arranque de energía y se avientan el más vigoroso zapateado, o se persiguen en fila india, según los inspiran las guitarras y los violines.

Pero, aunque parezca gracioso, este baile tiene un sentido ritual: cada uno de los danzantes representa una estación del año, y el primer danzante tiene más energía, mientras el último no puede más: así representan a la estación del año que entra, contra la que ya va saliendo.

En sus orígenes, los purépechas bailaban con ayuda de sustancias alucinógenas, lo que les permitía danzar durante cuatro horas y vislumbrar, en ese trance, lo bueno y malo que vendría por delante.

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