¿Qué comen los muertos?

Ya es Día de Muertos y tenemos listo todo para el altar: el papel picado, el copal, flores de cempasúchil, veladoras y las fotos de quienes están invitados a nuestra casa.

Pero falta la comida. Y si bien es cierto que en teoría puede ponerse todo tipo de platillos, hay algunos especiales por ser de la temporada, por ser mexicanos y por ser deliciosos.

¿Qué platillos prefieren nuestros difuntitos?

 

El menú más común de un altar contiene moles (negros, rojos, verdes, pipianes), arroz, pozole, chiles rellenos y tamales. De bebidas se agregan atoles, chocolate, café y, si a nuestro difunto le gusta empinar el codo, se le agrega tequila o mezcal.

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Para los niños además hay dulces: el de temporada es calabaza en tacha, pero también se le obsequia pan de muerto, frutas caramelizadas o alegrías de amaranto.

Lo mejor es que cada estado tiene sus propias versiones, y ahí revive hasta el más enterrado:

En Hidalgo, por ejemplo, el altar de la fiesta de Xantolo se acompaña con mixiotes de cordero, pan casero redondo o los sabrosísimos zacahuiles. Son platillos semejantes a los de la Huasteca Potosina, que agregan atoles de naranja y piña, o mezcales, para alegrar a las almas difuntas.

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En Oaxaca siempre pueden probarse sus moles: el más preparado en la fecha es el negro o de chichilo, servido con guajolote. También hay dulce de yema y nicuatole, un postre prehispánico de maíz.

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En Michoacán nunca puede faltar la atápakua, una salsa espesa de chicles con carne; el churipo, caldo de chile guajillo, verduras y res, o ese sabroso tamal que llaman nacatamal, y que llevan a los panteones en el primer aniversario del difunto.

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Puebla también agasaja a sus muertos con mole. Lo acompañan con tamales de haba, pipianes verdes, y para los muertitos agregan estos panes que llaman tlacotonales, además de jamoncillo y palanquetas.

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Hacia el sur del país los platillos cambian, pero no el fervor.

Así es el caso de Yucatán, en cuyos altares puedes encontrar esa deliciosa especie de lasaña maya que llaman mucbipollo, así como tamal con espelón. Los muertos de la península se refrescan con agua de limón con chaya o xtabentun, un licor de flor mielera.

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Mientras que, en Tabasco, los altares se acompañan con tamales de todo tipo. Y, por supuesto, dulces de cacao, pinol y yuca. Sin olvidar el guarapo, bebida fermentada de maíz tostado, panela molida y agua.

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Estos platillos se cocinan como para los vivos, y permanecen en el altar durante las fiestas de noviembre. En estos días, los muertos llegan y absorben la esencia de los manjares; por eso, cuando días después los comen los vivos, pueden estar un poco insípidos.

Aunque otros aseguran que la sazón se intensifica.

Es el sabor del recuerdo, del cariño de los seres que nos visitaron y, de alguna manera, siempre permanecen con nosotros.

¿Qué platillos pones en tu altar de muertos? ¿Nos muestras una imagen y nos convidas?

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