Acueducto del Padre Tembleque, maravilla del mundo

 

El Complejo Hidráulico del Acueducto del Padre Tembleque es la obra de ingeniería hidráulica colonial más importante de América. En sus tiempos se creyó imposible de construir. Ahora es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, desde 2015.

 

Este acueducto transportaba agua desde los manantiales del cerro Tecajete, en Hidalgo, hasta Otumba y Zempoala, en el Estado de México. Tiene 48.22 kilómetros de longitud y lo conforman muros, columnas, cajas de agua, abrevaderos, aljibes, apantles, tuberías de cerámica y puentes.

Otumba era una importante encrucijada de caminos hacia Veracruz, la Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, Pachuca, el Pánuco o Meztitlán. Pero su agua es escasa y la población se abastecía con las lluvias, en depósitos que llamaban jagüeyes. Entonces se descubrió que podían proveerse de los manantiales de Tecajete, en el actual estado de Hidalgo.

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Su construcción fue dirigida por fray Francisco de Tembleque. Con él colaboró el maestro castellano Juan Correa y Agüero. Fray Francisco era del pueblo de Tembleque, provincia de Toledo. Llegó a la Nueva España a principios de 1542 y en 1553 se puso al frente del proyecto.

El 95% por ciento del acueducto es subterráneo pero tiene seis secciones aéreas. Están en la Hacienda de Tecajete, la Hacienda de Nuestra Señora de Guadalupe-Arcos, Acelotla, Santiago Tepeyahualco  y los arcos de San Pedro y San Marcos en Otumba.

La arquería más famosa es la de Santiago Tepeyahualco. Está entre el Estado de México e Hidalgo; cuenta con 68 arcos que se extienden 904 metros.

En su punto más alto alcanza casi 39 metros. Supera a cualquiera construido por el imperio romano.

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Tardó en construirse 17 años, desde 1554  hasta 1571, y lo crearon 40 comunidades indígenas. Participaron más de 400 canteros, ayudantes, albañiles, peones, carpinteros y, muchas mujeres, quienes produjeron textiles para vender en los tianguis y así financiar las obras.

Tiene una serie de jeroglíficos pintados en la arquería mayor. Son prehispánicos y contienen representaciones símbolos cronológicos que revelan fechas de construcción del acueducto.

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El acueducto dejó de funcionar en 1674 y fue sometido a una reparación en 1698. Para mediados del siglo XIX el agua había dejado de correr por sus conductos. Ahora es un hermoso vestigio colonial, que con sus misterios de construcción sigue atrayendo a viajeros de todo el planeta.

El Acueducto del Padre Tembeleque combinó lo mejor de dos mundos: la ingeniería romana en sistemas hidráulicos y las técnicas mesoamericanas para utilizar cimbras de adobe. No sólo es una obra extraordinaria para el viajero: sigue llamando la atención de ingenieros y especialistas en sistemas hidráulicos. Puede conocerse entre los caminos de Hidalgo y el Estado de México.

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